En 1911 fue la primera vez que se celebró mundialmente un día por la lucha por los derechos de la mujer. Entonces se pedía el derecho al voto, la ocupación de cargos políticos por parte de mujeres, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.
Sin embargo, no fue hasta 1975 que la ONU comenzó a celebrar este día. Dos años más tarde, en 1977, fue finalmente proclamado el 8 de marzo como el Día internacional de la mujer trabajadora.
Estamos a 2024 y gracias al activismo hemos conseguido mejorar en muchos ámbitos, sobre todo en los países europeos. Hoy me gustaría celebrar todo lo logrado hasta ahora y también quiero compartir contigo mi tristeza al ver que aún queda tanto trabajo por hacer.
No voy a entrar en reclamos políticos en este artículo. Hoy quiero hablar de mi experiencia personal como mujer trabajadora y emprendedora.
Miro a mi alrededor y me comparo con emprendedores hombres y veo diferencias abismales. Principalmente a nivel de mentalidad. A la mayoría de los hombres se les educa culturalmente para salir al mundo a liderar, a generar riqueza, a crear influencia…
Y, si bien entiendo que esto también les puede pasar cierta factura a ellos en cuanto a presión social y cultural por “proveer”, por conseguir “el éxito”, etc…No os imagináis cuánto les envidio a veces.
Porque a mí y a absolutamente TODO mi entorno emprendedor femenino nos ha tocado trabajar fuertemente nuestras creencias limitantes y nuestra mentalidad para:
De hecho aún nos cuesta llamarlo negocio. Muchas lo siguen llamando “proyecto” o “emprendimiento” a pesar de tener ya un negocio activo y rentable. Como si fuera “un pasatiempo”, un “juego”.
Nos hacemos pequeñas con tanta “modestia” por miedo a brillar y a eclipsar al hombre. Son miedos ancestrales que nos toca trabajar.
No os imagináis la que liamos la mayoría de las mujeres a la hora de ponerle precio a nuestro tiempo, a nuestro conocimiento experto y a nuestra energía.
La mayoría necesitamos apoyo de mentores, coaches y terapeutas que nos apoyen y guíen en un proceso de crecimiento personal que nos permita realmente reconocer nuestro valor.
Aprendemos a gestionar el rechazo, a confiar en nosotras mismas y en que el Universo proveerá. Porque, por fin, nos sentimos capaces, empoderadas y merecedoras. Pero este proceso puede llevarnos años de intenso trabajo personal.

¿Conoces a muchos empresarios que estén en este mismo proceso? Seguramente habrá muchos pero yo conozco sólo a unos poquitos. Y éstos se acercan a los mentores y coaches más TOP y no pestañean en invertir porque tienen un objetivo claro: romper techos de cristal para llegar a cotas de facturación millonarias.
¿Cuántas mujeres emprendedoras conoces que generen su plan de negocio teniendo clarísimo que a dónde quieren llegar es a ser millonarias? ¡Ay, no, por Dios! Eso que lo haga otr@. Yo mejor “modesta pero tranquila”….Creencias, creencias…
Amo a esa mujer trabajadora que se respeta y que no duda de su valor. Esa mujer que no acepta menos de lo que vale su trabajo. ¡Gracias, por existir! Me inspiras.

Al final voy a ponerme reivindicativa…
Yo soy una mujer trabajadora que decidió lanzarse a emprender cuando fui madre. No soy la única. SOMOS MUCHAS.

¿Y por qué será? Pues creo que la maternidad es un maravilloso despertar espiritual para muchas de nosotras. Es un revulsivo que nos hace cuestionar todo lo establecido. Nos hace revisar lo que nos había funcionado hasta ahora y darnos cuenta de que, quizás, ya no es suficiente.
Pasar sólo 1 ó 2 horas al día con tu bebé de meses no es aceptable para mí…Y como hasta ahora la única solución de la sociedad ante esto es poner a tu disposición guarderías a precio de saldo pues yo, como buena Acuario, decido hacerlo diferente.
Decido lanzarme a la aventura/locura de montar mi propio negocio. Abriendo así el camino para muchas otras que se puedan sentir inspiradas por mi recorrido. Entre ellas, la que más mi importa…Mi hija Sofía.
Quiero que Sofía vea a su madre como un ejemplo de que “Todo es posible, si realmente lo deseas y te entregas a ello con todo tu corazón”.
Así que aquí estoy. Rompiendo creencias limitantes, rompiendo patrones culturales y ancestrales para cambiar el mundo pasito a pasito. Y sé que cambiará porque somos muchas en este camino.
Por eso, querida mujer trabajadora, nunca dudes de tu valor. PIENSA EN GRANDE, BRILLA Y LLEGA HASTA DONDE TÚ QUIERAS.
¡Queridas mujeres del mundo, nos merecemos brillar! El cambio está llegando.
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